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Entrevistas

Actriz de toda la cancha

Confesiones de una mujer apasionada que siempre, con una sonrisa, rema hacia adelante.

Por Paula Matheu
Fotos: Lucila Blumencweig
Producción: Mariana Colson y Daniela Benítez

La combinación de una madre maquilladora y un padre director de teatro hizo que Laura estuviera, desde que nació, todo el tiempo vinculada a situaciones de ensayo, prueba de luces, vestuario y varios etcéteras. “Todo mi mundo está impregnado de teatro, básicamente. Es un espacio que tiene que ver mucho con mi vida. Es como el living de mi casa, mi hogar. Estaba predestinado que yo siguiera por este camino”, sostiene la actriz, a quien le encantaba disfrazarse e invitar a sus vecinos para presentarles sketches de Gasalla y Juana Molina que veía por tele. Pero hubo un día que lo cambió todo. Su papá decidió llevarla a estudiar teatro a la Universidad Popular de Belgrano (U.P.B). Allí presentó su primera obra, una creación colectiva. “Fue, de alguna manera, como ver el contraplano. Yo siempre estaba en la butaca, sentada, mirando el escenario, y era la primera vez que lo veía del otro lado. Recuerdo una sensación de cotidianeidad. Salí y estaba todo lleno, y todas esas personas le daban sentido a lo que estaba haciendo. Ahí me cayó la ficha total y completamente de lo que significa el teatro. Y de que quería hacer eso”, recuerda emocionada.

-Ese fue tu debut en las tablas. ¿Cómo fue tu primera experiencia en el cine y en la televisión?

-A los 14 años, luego de haberme dedicado un poco al dibujo, a la expresión corporal, y a nadar, volví a estudiar teatro. Esta vez con Jorge Lira, que fue quien me enseñó el teatro clásico, digamos. Un día vi ahí el cartel de una audición que buscaban actores y actrices para una película y llevé mi C.V. A los tres días me llamaron y tuve tres audiciones tremendas. Buscaban un physique du rol muy determinado, muy específico, y dí bien, quedé. Era para Despabílate amor, dirigida por Eliseo Subiela. Y mi debut en tele fue con un institucional de Canal 13, que también tenía que dirigir Subiela, para cambiar el logo. Una especie de corto con todas las figuras del canal. Y necesitaban una parejita de chicos jóvenes. Audicioné y quedé. Pero yo no sabía lo que era un institucional. Pensé que era algo que iba a aparecer dentro del canal, no que iba a salir en la tele. Y fue una locura. Al día siguiente en el colegio todos me dijeron que me habían visto. Y yo preguntándome: “Che, ¿por qué me toca esto?”.

-¿No te gustó el efecto que causó?
-No es que no me gustó, es que no me lo esperaba. Pero me pareció que era parte de ese camino al que yo quería ir. Y pensé: “Esto fue una consecuencia. Yo tengo en claro que quiero ser actriz y que estoy estudiando para eso”

-¿No será que te asustaste un poco?
-No: después me asusté más por ahí con Campeones o con sucesos que fueron muy masivos y que los veía todo el mundo. Pero como a mí la gente siempre me gustó, nunca tuve rollo con eso. Me gusta saber qué hace, qué le pasa. Qué pasó con la vecina. Me gusta conocer las historias. Tuve en claro que esas son las reglas del juego. Es parte del laburo.

El amor en todas sus formas
Cursó la primaria en el Colegio Pablo Pizzurno, y la secundaria en el Normal Nº 10 de Belgrano. A esa altura ya sabía de sobra que quería dedicarse a la actuación, y con mucho esfuerzo terminó la escuela, porque, en sus palabras, ya no se la bancaba más. De hecho, en 4º año tuvo una charla consigo misma, donde se dijo: “Viejo, esto hay que terminarlo. Ya sé que quiero ser actriz, ya sé que voy a tener laburo. Ya sé que cobro más que mi vieja, pero… tengo 16 años. Después haré lo que se me cante”. Y así fue. Al año siguiente, en pleno auge de Campeones de la vida (comedia romántica de Pol-ka en la que su personaje enamoraba al de Mariano Martínez), Laura comenzó a tomar clases de flamenco. Le gustaba mucho bailar y hacer percusión, y venía de estudiar dos años de tap, pero algo faltaba. Necesitaba algo de teatralidad. Necesitaba también contar una historia bailando. “Y el flamenco es re teatral. Tiene muchas emociones”. Empezó entonces a tomar clases con Fabiana Pouso, que hoy es su maestra de flamenco (“y de la vida”). En 2004 llegó Soy Gitano, también creación de Pol-ka. Ahí ya bailaba en el tablao y hacía shows. También había comenzado a estudiar Máscara neutra e Improvisación, dos ramas de la Commedia dell’Arte. Formó incluso un grupo de improvisación, Impronta, con el que experimentó mucho el escenario en vivo sin tener texto, ni vestuario, ni historia. Y en medio de tanto teatro, éxito, tele y vestido a lunares, empezó a preguntarse qué hacer con su vida. No sabía si continuar con la actuación o si dejar todo, irse a Sevilla, y dedicarse de lleno al flamenco.

-¿Quién fue tu cable a tierra en ese momento?
-Sin duda mis amigos. Muchos de ellos están vinculados con el arte pero no son actores. Y tengo mis amigas desde los 14 años. Mis amigas de la escuela. Además, en todo ese momento estaba acompañada de una psicóloga. Empecé a laburar y al toque empecé con terapia. Y después de muchos años, mi terapia empezaron a ser la meditación y la metafísica. Estuve bastante tiempo metida con eso.

-¿Qué pasó al final? ¿Para dónde inclinó más la balanza?
-Al final opté por actuar. Es que también apareció algo muy fuerte en mi vida que fue Teatro por la identidad. Eso me reavivó con el sentido del teatro, la comunicación y la responsabilidad del actor como personaje social. Ahí me dio un poco vuelta la cabeza. Con esa posibilidad de estar metida en un ambiente de teatro que no era comercial ni de entretenimiento, sino que era un teatro de conectarnos con nuestro pasado, con nuestra identidad fundamentalmente. Encima, con una obra divina que escribió Marta Betoldi y la dirigió Leonor Manso. Trabajar con ellas era como estar en primera. Eso fue una experiencia que me reconquistó para el teatro. Fue otra de las cosas que me arraigó acá.

-¿Pero seguís bailando o dejaste todo?
-¡Sigo bailando! Bailé hasta el 6º mes de embarazo de Marco, y después paré por casi 3 años porque había quedado muy edulcorada de todo el ambiente del flamenco. Es muy cerrado, medio ghetto, y necesitaba empezar a jugar y a explorar, fuera de cómo debe ser, de cómo se debe rematar, de cómo se debe bailar. Algo parecido me pasa con el teatro. No quiero perder la posibilidad de jugar y de crear. ¡Para eso está el arte! Entonces a los 4 o 5 meses de Marco, empecé a entrenar danza contemporánea con Ana Frenkel, que hasta el día de hoy es mi religión. Para mí es el templo. Voy por lo menos una vez por semana. Y volví al flamenco en paralelo pero con otras reglas. A disfrutarlo y a seguir investigándolo, porque es todo un misterio. Como el teatro. Sigue siendo un permanente misterio, un permanente espacio de creación, vivo, que está todo el tiempo latiendo.

-También estás estudiando canto, ¿no?
-Sí. Amo cantar. Hace tres años que estoy aprendiendo. Canto tango y bossa. Y el año pasado empecé a tomar clases para bailar tango también. ¡Hasta se sumó mi marido!

-¡Ah, bueno! Veo que ya lo llamás marido aunque aún no firmaron los papeles, ¿llevan bien la convivencia?
-¡Sí! Hace 5 años que estamos juntos y convivimos hace 3. Jacques ama a Marco desde el primer momento que lo vio, y Marco tiene toda la onda con él. Si no, no hubiese prosperado. No se cómo hace una mujer para estar enamorada de un hombre que no tiene onda con su hijo.

-¿Cómo se conocieron?
-Jacques es brasilero. Lo conocí en la fiesta de cumpleaños de una antigua amiga mía brasilera, acá en Buenos Aires. Y fue flechazo. Pero los dos estábamos en otras cositas, así que fue un flechazo que tuvimos que inhibir, ¿viste? Y bueno, después esas cositas se evaporaron por arte de magia y pudimos llevar adelante nuestro amor. Él se fue a trabajar un tiempo a Nueva York y cuando volvió ya estábamos listos para el amor. Ahora trabaja acá como corresponsal de un noticiero brasilero muy importante. Y además es piloto privado.

-¿Tienen planes de hijos y casamiento?
-Hay planes para otro hijo, pero no todavía. Y en cuanto al casamiento, no creemos mucho en ese papelerío. Si en algún momento lo necesitamos por alguna situación jurídica o algo, lo haremos, pero nuestro compromiso está en el cuore, en el coraçao. Lo importante es que hay planes de seguir creciendo juntos, eso es lo más hermoso que te puede pasar con un compañero de verdad. Seguir evolucionando, aprender del otro, aprender de uno.

En la cresta
Esa es una palabra clave que define la vida de Laura: aprender. Siempre está en la búsqueda de nuevos aprendizajes, de nuevas aventuras, y sobre todo de desafíos, sean grandes o pequeños. Mientras habla, logra transmitir a través de sus gestos y el tono de voz que todo lo que hace le apasiona: actuar, cantar, bailar, cuidar la mini huerta que armó en el balcón de su casa. Incluso, en los últimos años se animó a la conducción, en programas como Pura Química (ESPN) y Ciudades y Copas (Discovery Travel & Living). Este último le regaló satisfacciones tan diversas como explorar las bebidas típicas de toda América (desde la leche de tigre en Lima hasta la cocada clásica de Caracas) y conocer a quien sería el padre de su hijo. Pero ese no fue el final de sus viajes: el año pasado condujo por la TV Pública Vivo en la Argentina, un programa cultural donde tuvo la oportunidad de recorrer el país. Y, para ponerle la frutilla al postre, después de haber escrito su propia obra de teatro (El amor en tiempos de hormonas, en la cual imagina su vida dentro de 20 y 30 años), recibió la propuesta de formar parte del gran éxito teatral Toc Toc, para reemplazar a la actriz Melina Petriella. Enseguida se subió a esta enorme ola, a la que ella denomina “nave espacial”, porque nunca vio una situación teatral semejante. “Lo que pasa con la gente ahí presente es increíble. Es realmente un suceso”.

Laura Azcurra
-¿Cómo preparaste el personaje? ¿Es diferente al de Melina?
-Nunca me había pasado entrar a una obra haciendo un reemplazo, entonces fue nuevo para mí eso de transitar algo que ya existe. Y la consigna era clara: “No se puede modificar la obra. Hay un sendero que ya está marcado y hay que seguir por ahí”. Entonces cualquiera de mis propuestas tenía que ser en ese espacio, sentada en la silla que me correspondía. Así que dije: “Me voy a adaptar a eso y lo voy a tomar como un desafío para ver cómo se encara un laburo así”. Desde ya que no quería hacer un calco de la propuesta que había hecho Melina. Eso es como hacer la misma versión del mismo tema que toca otro músico. Entonces tomé esa partitura y le hice mis arreglos.

-¿Cómo fue la primera vez que saliste al escenario?
-Muy fuerte. Porque, de hecho, esa primera función la tomamos como ensayo. Así que ¡muchos nervios!

-¿Tu hijo suele ir a verte al teatro o acompañarte a los ensayos?
-No, jamás. Él es muy casero. Siempre para lo que representa una salida, cuesta el arranque. Además es muy inquieto. Si estoy ensayando, no me quedo tranquila si mi hijo está dando vueltas por todo el teatro. No sé cómo hacían mis viejos conmigo. Recuerdo tener la edad de Marco y estar sentada en una butaca durante cuatro horas esperando que terminen un ensayo.

-¿Creés que seguirá tus pasos arriba de las tablas?
-No, no creo. Lo suyo es la construcción. ¡Le encanta!

-¿Tenés planes para hacer cine o tele?
-Por el momento, lo concreto es que voy a estar en la película El karma de Carmen, donde también va a estar Malena Solda. Y después otra cosa haré. Como verás, no me quedo sentadita a que suene el teléfono. En cuanto tenga un bache seguramente siga escribiendo, y si me animo empezaré a pensar algo que tenga que ver con la danza.

-Trabajo, amor, danza, maternidad… ¡No te podés quejar!
-¡Para nada! ¿Cómo me voy a quejar? Soy una agradecida de todo.

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