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Territorios

A todo vapor

Steampunk, de subgénero ultra específico de la ciencia ficción a tendencia en la moda y el diseño.

Por Sandra Martínez

La ciencia ficción es, quizás, el género literario con más subcategorías. A medida que se fue alejando de las fantasías barrocas de Mary Shelley y los sueños futuristas de Verne para abarcar más temáticas y estilos, las etiquetas aparecieron y ordenaron cada nueva obra con esa alegre compulsión obse tan propia de los ñoños. A mediados del siglo XVII se despegó de su rama materna, la fantasía, y del terror, ensayando un limite inicial muy vago en el que quedaban comprendidas todas las “narraciones entretenidas en las cuales se combinan hechos científicos con cierta visión profética”. Claro que el rótulo era a la vez demasiado abarcador y muy estrecho y así fue como nacieron los subgéneros, con la finalidad de guiar al lector y, como siempre, ayudar al mercado. Podemos hablar entonces de ciencia ficción dura si se rige exclusivamente por hechos científicos comprobables, o blanda, de carácter más sociológico y sin demasiados detalles tecnológicos. En cualesquiera de esas ramas se han escrito utopías -visiones optimistas de mundos perfectos-, distopías -sociedades alternativas en las que se extrapola un elemento negativo del presente y se ven sus resultados nefastos-, space óperas -novelas de aventuras contextuadas en el espacio o en el futuro-, o las Gadget Storys -que giran en torno de un aparato o dispositivo- entre muchos otras posibilidades y mezclas.

La ucronía propone imaginar cómo sería el mundo actual si el pasado hubiera sido distinto, como lo hace Phillip K. Dick en su novela El hombre en el castillo, donde el eje ganó la guerra y la costa oeste de USA está bajo el dominio japonés, o Tiempos de arroz y sal de Kim Stanley Robinson, que describe un mundo en el que la peste negra destruyó Europa completo y occidente no existe. Y dentro de esta especialidad encontramos un universo más específico aún: el steampunk. Tomado generalmente como una variante menor y sin ningún gran clásico aportado al género, en los últimos años parece haber ganado terreno con la fuerza de una moda. O al menos eso dice IBM en una preciosa infografía animada que publicaron en su sitio Social Sentiment Index, dedicado a analizar grandes volúmenes de información obtenida a través de las redes sociales para captar los giros y gustos de la opinión pública. Y lo que dice IBM es que el steampunk es la próxima gran estrella de la moda y el diseño.

De qué hablamos cuando hablamos de steampunk

La escritora Caitlin Kittredge define el steampunk en forma breve y divertida: «Es una especie de estilo victoriano-industrial, pero con más extravagancia y menos huérfanos«, en clara referencia a la obra de Charles Dickens, la más representativa de esa época. En realidad se trata de un subgénero de ficción especulativa que desarrolla sus historias en un siglo XIX alternativo completamente dominado por la máquina de vapor (steam en inglés) iniciando la revolución industrial pero sin la aparición de otras fuentes de energía asociadas a esta, como el petróleo o la electricidad, y con tecnología inexistente pero estéticamente inspirada en esa época.

Aunque algunos de los libros seminales para esta corriente pueden rastrearse hasta los años 60s y 70s, sus fuentes son más antiguas, ya que provienen justamente de dos autores victorianos de ciencia ficción, Julio Verne y H.G. Wells. Claro que en su caso no era una búsqueda intencional, simplemente ambientaron sus historias en la sociedad que conocían y agregaron los elementos tecnológicos fantásticos. El término steampunk fue acuñado en los 80´s como un guiño al cyberpunk, otro subgénero ambientado en un futuro dominado por las máquinas, desde robots hasta supercomputadoras o realidad virtual. Entre esa década y la siguiente aparecieron las obras más icónicas, como La máquina diferencial de William Gibson y Bruce Sterling, donde la llegada de la era cibernética se adelanta más de un siglo, Homúnculo, de James P. Baylock, con un extraterrestre que es secuestrado en la Londres de fines del siglo XIX y revela los secretos de la tecnología espacial y la resurrección de los muertos, en una aventura con mucho humor y algo de absurdo; o Antihielo, sobre una sustancia descubierta en la Antártida por el Imperio Británico con la potencia destructiva de una bomba atómica pero sin sus efectos radiactivos.

Otra época, otro mundo

En la televisión la pionera fue la serie Wild Wild West de 1965, con la vuelta de tuerca de respetar la época establecida por el género, pero trasladándola al lejano oeste. La mezcla entre Bonanza y James Bond con gadgets casi fantásticos tuvo sus remakes en 1978 y 1980 en forma de tv films con el mismo cast original y en 1999 saltó a la pantalla grande con Will Smith como protagonista. Un blockbuster olvidable, excepto por las imaginativas maquinarias, como la silla de ruedas a vapor del villano Dr. Loveless, todo un arquetipo de la estética steampunk. El comic y la película Jonah Hex retoman esta línea, también conocida como Weird West.

En el ámbito del comic La liga de los hombres extraordinarios es una muy recomendable obra de Alan Moore, que reúne a los protagonistas de las novelas más famosas de la era victoriana –Allan Quatermain, Mina Hacker, Dorian Grey y el Dr. Jeckyll, entre otros- en una especie de antecedente de la Liga de la Justicia. Si bien la presencia de maquinaria extravagante no es muy notoria, el diseño Nautilus del Capitán Nemo y su automóvil en la pobre adaptación al cine son dos maravillas steampunk. Detalles de este estilo pueden encontrarse en otros films como La brújula dorada y Una serie de eventos desafortunados, aunque en este caso los entornos tienen más influencia art deco y gótica, respectivamente. El animé también realizó sus aportes para popularizar este estilo, fundamentalmente con Steamboy, donde la aparición de una fuente pura de vapor en plena revolución industrial cambia la vida del joven protagonista y del mundo entero y también con la surrealista El increíble castillo vagabundo del genio Hayao Miyazaki.

En el video del tema Turn On Me de David Guetta se la puede ver a Nicky Minaj como una Barbie robotizada en un laboratorio retro con muchos ecos de Metrópolis, mientras que el clip de The Ballad of the Mona Lisa de la banda Panic at the Disco es prácticamente el sueño húmedo de los fans del género, con su vestuario donde no falta ni uno de los elementos típicos: galeras, bastones, camafeos, jabots de encaje y las antiparras antiguas que son el item infaltable de este look.


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Moda y diseño

Pero el steampunk saltó de los libros y los cines a la vida cotidiana cuando la gente comenzó realizar algunas de las piezas que aparecían en sus historias favoritas. Así se comenzaron a “steampunkizar” anillos, collares, sombreros, computadoras, muebles, teléfonos, armas, motos y hasta automóviles, con aspecto que puede variar desde el desgastado de una antigüedad hasta el reluciente brillo de un accesorio nuevo de un gentleman inglés. Latón y cobre, vidrio y madera pulida, grabados y aguafuertes, mecanismos a la vista y engranajes como decoración, el detalle por el detalle en sí es la marca que define esta estética.

La moda, ni lerda ni perezosa, tomó nota de este creciente interés y lo sumó a sus tableros de inspiraciones. Alexander McQueen muestra la impronta victoriana en sus colecciones desde 2009, mientras que la campaña de Miuccia Prada para el otoño del año pasado, muestra a los actores Gary Oldman, Garrett Hedlund, Jamie Bell y Willem Dafoe en impecables atuendos que parecen sacados de una producción steampunk. A nivel local, Benítez Emilse se destacó en las pasarelas del último BAFWeek con una línea donde la corsetería y los ligueros neo victorianos realizados con cueros nude se encuentran con el costado más trash de las tachas, cadenas, hebillas metálicas y extraños accesorios que recuerdan a la estructura de unas alas realizadas con alambre: no hace falta agregar demasiado para un cosplay perfecto.

La tecnología, por su parte, podría dar un giro de 360 al dejar atrás las líneas ultra netas y minimalistas impuestas por Mac para entregarse a un frenesí vintage. Por ahora se trata más que nada de alteraciones caseras a las que se denomina “modding”, que consisten, por ejemplo, en reemplazar las teclas de un teclado por las de una máquina de escribir antigua, entre otras detalladas transformaciones. De alguna forma esta cultura del do it yourself es la parte más punk del steampunk, pero las grandes marcas, bajo la alerta encendida por el detector de tendencias, ya se preparan para sumarse a la moda con gadgets de lujo. Mientras tanto, es el hobby y la pasión de un grupo cada vez más grande de soñadores que encontró un estilo propio en esta intersección entre el pasado y el futuro.

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La Sociedad Steampunk Argentina surgió con la idea de reunirse con otros amantes del género e intercambiar información y compartir sus creaciones. El 8 de junio realizan su segundo evento anual el Steampunk Day, donde habrá muestras, charlas y feria de gastronomía y artesanías, además de los asistentes en sus mejores galas victorianas.

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