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Cine y Series

A reir, a la Iglesia

Alex De La Iglesia vuelve a mezclar humor, terror y absurdo en su nueva película, Las Brujas.

Por Sandra Martínez

Las Brujas arranca con un robo digno de destronar a la famosa primera escena de Pulp Fiction. Disfrazados de estatuas vivientes y muñecos de trencito de la alegría, un grupo de perdedores asalta una tienda de compraventa de oro y en su delirante plan, logran inesperadamente teber éxito. Cuando la activa participación del hijo de diez años de uno de los delincuentes indigna a una señora presente, comienza un diálogo que dejará bien claro el tema detrás de toda la trama: el resentimiento masculino contra las mujeres.

José es un donnadie que idea el robo para conseguir dinero y fugarse con su hijo, después de que su ex mujer le negara la custodia compartida. Lo acompaña un patovica desempleado al que su dominante novia abruma por completo y un taxista que después de verse enredado en el crimen contra su voluntad decide abandonar a su esposa y sumarse a la dupla. Claro que todo se complicará cuando camino a la frontera francesa se ven obligados a pasar por Zugarramundi, localidad famosa por los juicios de la Inquisición en los que fueron quemadas muchas mujeres bajo el cargo de brujería. Y, según parece, mantiene intacta la tradición en manos de tres generaciones que abarcan desde la clásica bruja de cuentos de hadas hasta la sex bomb con aires S&M.

Alex De la Iglesia vuelve al tema del mesianismo satánico que exploró en El día de la Bestia, y como en aquella cinta que lo lanzó a la fama internacional, mezcla con acierto el terror con el humor: a una escena francamente inquietante le puede seguir con toda naturalidad un gag cómico. Sin dudas las interpretaciones y los diálogos siguen siendo el fuerte de sus películas, incluyendo a dos galancetes españoles que en los roles protagónicos masculinos de Las Brujas forman un gran dúo cómico pese a sus limitadas dotes actorales. Y, por supuesto, Carmen Maura en plan Queen Witch robándose cada escena en la que aparece.

Resulta un poco perezosa de parte de De la Iglesia la relación tan obvia entre la bruja y el peor estereotipo femenino, que en esta historia carece de cualquier lectura fina, al punto que el título de estreno en inglés es Witching and Bitching. Y en el tercio final de la película, con el Aquelarre reunido a pleno, los momentos rocambolescos se alejan del absurdo finamente planificado del comienzo para derrapar en un nonsense desprolijo que le resta calidad al producto. Pero pese a todo no deja de ser un delaiglesia puro, y los cinéfilos que siguen al director español no verán sus expectativas defraudadas.

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